29 de abril de 2017

Compuesto por San Juan de Ávila

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San Juan de Ávila
Edición ? - 297 págs


Que trata de los malos lenguajes del mundo, carne y demonio,
y de los remedios contra ellos; de la fe y del propio
conocimiento; de la penitencia, de la oración, meditación y
pasión de nuestro Señor Jesucristo, y del amor de los prójimos.
Compuesto por el Reverendo Padre Maestro San Juan de Ávila,
predicador en el Andalucía.

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ÍNDICE

APROBACIÓN


PRÓLOGO DEL AUTOR

BREVE SUMA

CAPÍTULO PRIMERO
En que se trata cuánto nos conviene oír a Dios; y del admirable lenguaje que nuestros Padres primeros tenían en el estado de la inocencia, a el cual perdido por el pecado, sucedieron muchos muy malos

CAPÍTULO 2
Que no debemos oír el lenguaje del mundo y honra vana; y cuán grande señorío tiene sobre  los corazones de los que la siguen; y cuál será el castigo de los tales

CAPÍTULO 3
De qué remedios nos habemos de aprovechar para desapreciar la honra vana del mundo, y e la grande fuerza que Cristo da para la poder vencer

CAPÍTULO 4
En qué grado y por qué fin es lícito desear la humana honra; y del grandísimo peligro que hay en los oficios honrosos y de mando 

CAPÍTULO 5
De cuánto debemos huir los regalos de la carne; y cómo es peligrosísimo enemigo; y de qué medios nos habemos de aprovechar para vencerlo

CAPÍTULO 6
De dos causas de las tentaciones sensuales; y que medios habemos de usar contra ellas  cuando nacen de la impugnación del demonio

CAPÍTULO 7
De la grande paz que Dios nuestro Señor da o los que varonilmente pelean contra este  enemigo; y de lo mucho que conviene para lo vencer huir familiaridad de mujeres

CAPÍTULO 8
Por qué medios suele engañar él demonio a los hombres espirituales con este enemigo de  nuestra carne; y del modo que se debe tener para no dejarnos engañar

CAPÍTULO 9
Que uno de los más principales remedios para vencer este enemigo es el ejercicio de la  devota y ferviente oración, donde se halla el gusto de las cosas divinas que hace aborrecer las mundanas

CAPÍTULO 10
De muchos otros medios que debemos usar cuando este cruel enemigo nos acometiere con  los primeros golpes

CAPÍTULO 11
De algunas causas, allende de las dichas, por las cuales vienen algunos a perder la castidad,  para que huyamos de ellas si no la queremos perder; y con qué medios nos debemos animar  a ello 

CAPÍTULO 12
Que suele Dios castigar a los soberbios con permitir que pierdan la joya de la castidad, para humillarlos; y de cuánto conviene ser humildes para vencer aqueste enemigo 

CAPÍTULO 13
De otras dos peligrosas causas por las cuales suelen perder la castidad los que no las  procuran evitar 

CAPÍTULO 14
De cuánto se debe huir la vana confianza de alcanzar victoria contra este enemigo con sola  industria y trabajo humano, y que debemos entender que es dádiva de Dios, a quien se debe  pedir, poniendo por intercesores los Santos, y en particular a la Virgen nuestra Señora 

CAPÍTULO 15
Como al Señor reparte el don de la castidad, no igualmente a todos; porque a algunos lo da  solamente en el ánima, y de lo mucho que las tentaciones contra la castidad aprovechan, si  se saben llevar 

CAPÍTULO 16
De cómo el don de castidad es concedido a algunas personas, no sólo en el interior del ánima, mas también en la sensualidad; y esto por una de dos maneras 

CAPÍTULO 17
En que se comienza a tratar de los lenguajes del demonio, y cuánto los debemos huir; y que  uno de ellos es ensoberbecer a un hombre para le traer a grandes males y engaños; y de  algunos medios para huir este lenguaje de la soberbia

CAPÍTULO 18
De otro lazo, contrario al pasado, que es la desesperación con que el demonio pretende  vencer al hombre; y cómo nos habremos contra él

CAPÍTULO 19
De lo mucho que nos dio el Eterno Padre en darnos a Jesucristo nuestro Señor; y cuánto lo deberíamos agradecer y aprovecharnos de esta merced, esforzándonos con ella para no  admitir la desesperación con que el demonio suele combatirnos 

CAPÍTULO 20
De algunas cosas que suele traer el demonio contra el remedio ya dicho para desmayarnos; y  cómo no por eso debemos perder el ánimo, antes animarnos más, mirando la infinita misericordia del Señor

CAPÍTULO 21
En que se prosigue la grandeza de la misericordia de Dios, que usa con los que le piden  perdón de corazón. Es una consideración bastante para vencer toda desesperación 

CAPÍTULO 22
Donde se prosigue el tratar de la misericordia que el Señor usa con nosotros, venciendo su  Majestad nuestros enemigos por admirable manera 

CAPÍTULO 23
Del grande mal que hace en el ánima la desesperación; y cómo conviene vencer este enemigo con espiritual alegría, y diligencia y fervor en el servicio de Dios 

CAPÍTULO 24
De dos remedios para cobrar esperanza en el camino del Señor; y que conviene no  acobardarnos, aunque el remedio de la tentación se dilate; y cómo hay corazones que no se  saben humillar sino con golpes de tribulaciones, y por eso los conviene ser así curados 

CAPÍTULO 25
Cómo el demonio procura traer a desesperación poniendo tentaciones contra la fe y cosas de Dios; y de los remedios que habemos de usar contra estas tentaciones 

CAPÍTULO 26
Cómo pretende el demonio en las sobredichas tentaciones apartarnos de la devoción y  buenos ejercicios; y que el remedio es crecer en ellos, dejando la demasiada codicia de los  dulces sentimientos del ánima; y por qué fin se pueden éstos desear 

CAPÍTULO 27
Que el vencimiento de las tentaciones dichas está más en tener paciencia para las sufrir, y  esperanza del favor del Señor, que en la fuerza de querer hacer que no vengan 

CAPÍTULO 28
Del grande remedio que es contra las tentaciones buscar un confesor sabio y experimentado,  a quien se dé entera cuenta y crédito; y lo que el confesor debe hacer con los tales; y del  fruto de estas tentaciones 

CAPÍTULO 29
Cómo el demonio procura con miedos exteriores quitarnos de los buenos ejercicios; y cómo  conviene confortar el corazón con la confianza del Señor para lo vencer; y de otras cosas que  ayudan para quitar este miedo, y del fruto de esta tentación 

CAPÍTULO 30
De muchas causas que hay para confiar que el Señor nos librará en toda tribulación, por  grave que sea; y de dos significaciones que tiene esta palabra creer 

CAPÍTULO 31
Que lo primero que debemos oír es la verdad divina, mediante la fe, que es principio de toda  la vida espiritual, y nos enseña cosas tan altas que exceden toda humana razón 

CAPÍTULO 32
De cuan conforme es a razón creer las cosas de nuestra fe, aunque ellas exceden toda  humana razón 

CAPÍTULO 33
De cuan firmes, constantísimos y abonados testigos ha tenido nuestra fe, los cuales han  puesto su vida por la verdad de ella 

CAPÍTULO 34
Que la vida perfecta de los que han creído nuestra fe es grande testimonio de su verdad; y de  cuánto han excedido en bondad los cristianos a todas otras gentes 

CAPÍTULO 35
Que la propia conciencia del que quiere seguir la virtud le da testimonio de ser nuestra fe  verdadera; y cómo el amor de la mala vida es impedimento para la recibir y grande parte  para la perder 

CAPÍTULO 36
Que la admirable mudanza de los corazones de los pecadores, y los favores grandes que el  Señor hace a los que, siguiéndolo con perfecta virtud, le llaman en sus necesidades, es  grande testimonio de la verdad de nuestra fe 

CAPÍTULO 37
De los muchos y grandes bienes que Dios obra en el hombre que sigue la perfecta virtud, la  cual es grande prueba de ser verdad nuestra fe, pues ella nos enseñó los medios para  alcanzar aquellos bienes

CAPÍTULO 38
Que si se pondera la virtud y grandeza de la obra del creer, hallaremos grande testimonio  que testifique ser mucha razón que el entendimiento del hombre sirva a Dios con recibir su  fe 

CAPÍTULO 39
En que se responde a la objeción que pueden poner contra nuestra fe, diciendo que enseña  Dios cosas muy altas 

CAPÍTULO 40
En que se responde a los que ponen por objeción para no recibir nuestra fe, que enseña de  Dios cosas muy humildes o bajas; y cómo en estas cosas humildes que de Dios enseña está  altísima gloria

CAPÍTULO 41
Que no sólo resplandece la gloria del Señor en las cosas humildes que la fe nos enseña de  Dios, mas también nuestro grande provecho, valor y virtud 

CAPÍTULO 42
En que se prueba ser la verdad de nuestra fe infalible, así por parte de los que la predicaron,  como de aquellos que la recibieron, y del modo con que fue recibida 

CAPÍTULO 43
Que es tanta la grandeza de nuestra fe, que ninguno de los motivos dichos, ni otros que se  pueden decir, bastan a que un hombre crea con esta divina fe, sin que el Señor de para creer  su particular favor

CAPÍTULO 44
Que se deben al Señor muchas gracias por el don de la fe; y que de tal manera habemos de  usar de ella para lo que fue dada, que no le atribuyamos lo que no tiene; y cuál es lo uno y lo  otro

CAPÍTULO 45
Por qué el Señor ordenó salvarnos mediante la fe, y no por humana razón; y de la grande  sujeción que debemos tener a las cosas que la fe nos enseña; y de la particular devoción que  especialmente debemos a lo que el Señor Jesús enseñó por su boca

CAPÍTULO 46
Que la Escritura santa no se ha de declarar por cualquier juicio, sino por el de la Iglesia  romana; y donde ella no declara, se ha de seguir la conforme exposición de los Santos; y del  grande crédito y sujeción que a esta Iglesia santa debemos tener

CAPÍTULO 47
De cuan terrible castigo es permitir Dios que uno pierda la fe; y cómo justamente es quitada  a los que no obran conforme a lo que ella enseña 

CAPÍTULO 48
En que se prosigue más en particular lo ya dicho; y se declara lo que se requiere para entrar  a leer y entender las divinas Letras y Doctores santos 

CAPÍTULO 49
Que no debemos ensoberbecernos viendo que otros pierden la fe que nosotros no habemos  perdido, antes humillarnos con temor; y de las razones que para ello hay 

CAPÍTULO 50
De cómo suelen ser muchos engañados dando crédito a falsas revelaciones. Y declárase en  particular en qué consiste la verdadera libertad de espíritu 

CAPÍTULO 51
De cómo nos habemos de haber para no errar en las tales ilusiones; y cuan peligroso sea el  deseo de revelaciones o cosas semejantes 

CAPÍTULO 52
En que se ponen algunas señales de las buenas, y de las malas y falsas revelaciones o  ilusiones 

CAPÍTULO 53
De la oculta soberbia con que suelen ser muchos gravemente engañados en el camino de la  virtud. Y de cuan a peligro están los tales de ser enlazados en ilusiones del demonio 

CAPÍTULO 54
De algunas propiedades que tienen los que en el capítulo pasado dijimos ser engañados. Y de  cuánto conviene recibir parecer ajeno; y de los males que trae el amor del propio juicio 

CAPÍTULO 55
Que debemos grandemente huir el propio parecer, y escoger persona a quien por Dios nos  sujetemos para ser de ella regidos; y qué tal ha de ser ésta; y cómo nos habremos con ella 

CAPÍTULO 56
En que se comienza a declarar la segunda palabra del verso, y el cómo habemos de mirar las  Escrituras; y que conviene tener recogimiento en la vista corporal para ver mejor con los  ojos del ánima; los cuales, cuanto más limpios de las criaturas, miran mejor a Dios

CAPÍTULO 57
Que lo primero que ha de mirar el hombre es a sí mismo; y de la necesidad que tenemos del  «propio conocimiento», y de los males que nos vienen por falta de este conocimiento propio 

CAPÍTULO 58
Que debemos poner diligencia en el propio conocimiento; y en qué cosas lo podremos hallar;  y que conviene tener un lugar apartado donde nos recoger un rato cada día 

CAPÍTULO 59
En que se prosigue el ejercicio para hallar el propio conocimiento; y de cómo nos habemos  de aprovechar en la lección y oración 

CAPÍTULO 60
De cuánto aprovecha para el propio conocimiento la meditación de la muerte, y del modo  del meditar en lo que toca al cuerpo 

CAPÍTULO 61
De lo que se ha de considerar en la meditación de la muerte acerca de lo que sucederá al  alma, para aprovechar en el propio conocimiento

CAPÍTULO 62
Que el cotidiano examen de nuestras faltas ayuda mucho para el propio conocimiento; y de  otros grandes provechos que este ejercicio del examen trae; y del provecho que nos viene de  las reprensiones que otros nos dan, o el Señor interiormente nos envía 

CAPÍTULO 63
De la estimación que habemos de tener de nuestras buenas obras, para no faltar en el propio  conocimiento y verdadera humildad; y del maravilloso ejemplo que Cristo nuestro Señor  nos da para lo dicho

CAPÍTULO 64
De un provechoso ejercicio del conocimiento del ser natural que tenemos, para con él  alcanzar la humildad 

CAPÍTULO 65
Cómo ejercitarnos en el conocimiento del ser sobrenatural de gracia aprovecha para  alcanzar la humildad 

CAPÍTULO 66
En que se prosigue más en particular el sobredicho ejercicio, de que se ha tratado en el  capítulo pasado 

CAPÍTULO 67
En que se prosigue el sobredicho ejercicio; y de la grande luz que el Señor, mediante él, suele  obrar en las almas, con la cual conocen la grandeza de Dios y la nada de su pequeñez 

CAPÍTULO 68
En que se comienza a tratar de la consideración de Cristo nuestro Señor, y de los misterios  de su vida y muerte; y de la mucha razón que hay para nos ejercitar en esta consideración; y  de los grandes frutos que de ella nos vienen 

CAPÍTULO 69
En que se prosigue lo dicho en el capítulo pasado, declarando de la Pasión de Cristo un lugar  de los Cantares 

CAPÍTULO 70
Que es muy importante el ejercicio de la oración, y de los grandes provechos que de ella se  sacan 

CAPÍTULO 71
Que la penitencia de los pecados es el primer paso para nos llegar a Dios, teniendo de ellos  verdadero dolor y haciendo de ellos verdadera confesión y satisfacción 

CAPÍTULO 72
Que el segundo paso para nos llegar a Dios, es el hacimiento de gracias que le debemos dar  por nos haber así librado; y del modo que en esto se tendrá, mediante diversos pasos de la  Pasión en diversos días 

CAPÍTULO 73
Del modo que se ha de tener en la consideración en la vida y Pasión de nuestro Señor  Jesucristo 

CAPÍTULO 74
En que se prosigue más en particular el modo de considerar la vida de nuestro Señor  Jesucristo, para que sea con más provecho 

CAPÍTULO 75
En que se dan algunos avisos necesarios para más aprovechar con el sobredicho ejercicio, y  evitar algunos daños que en los ignorantes pueden suceder 

CAPÍTULO 76
Que el fin de la meditación de la Pasión ha de ser la imitación de ella; y cuál es lo primero y  principio de cosas mayores que habemos de imitar

CAPÍTULO 77
Que la mortificación de las pasiones es lo segundo que se ha de sacar de la meditación de la  Pasión de Cristo; y cómo se ha de usar este ejercicio para sacar este admirable fruto 

CAPÍTULO 78
Que lo más excelente que habemos de meditar e imitar en la Pasión del Señor, es el amor  con que por nosotros se ofreció al Eterno Padre

CAPÍTULO 79
Del abrasado amor con que Jesucristo amaba a Dios y a los hombres por Dios; del cual  amor, como de fuente, nació lo mucho que exteriormente padeció; y que fue mucho más lo  que padeció en lo interior

CAPÍTULO 80
En que se prosigue la ternura del amor de Cristo para con los hombres, y lo que le causaba el interior dolor y cruz de su Corazón, que tuvo toda la vida 

CAPÍTULO 81
De otras provechosas consideraciones que se pueden sacar de la Pasión del Señor; y de otras meditaciones que de otras cosas se pueden tener; y de algunos avisos para, los que no  fácilmente pueden seguir lo ya dicho

CAPÍTULO 82
De cuan atentamente nos OYE y piadosamente nos MIRA el Señor, si le sabemos manifestar  nuestras llagas con el dolor que se debe; y cuan pronto es a las sanar, y hacer otras muchas  mercedes 

CAPÍTULO 83
De dos amenazas de que suele Dios usar, una absoluta y otra condicional; y de dos géneros  de promesas, semejantes a las amenazas; y cómo nos habremos cuando sucedieren 

CAPÍTULO 84
De lo que es el hombre de su cosecha, y de los grandes bienes que tenemos por Jesucristo  nuestro Señor 

CAPÍTULO 85
De cuan fuertemente clamó Cristo y clama siempre delante del Padre en nuestro favor; y con cuánta presteza OYE su Majestad los ruegos de los hombres, mediante este clamor de su  Hijo, y les hace mercedes

CAPÍTULO 86
Del grande amor con que el Señor mira a los justos; y de lo mucho que desea comunicar a las  criaturas, y destruir en nosotros los pecados; los cuales debemos nosotros mirar con  aborrecimiento para que Dios los mire con misericordia

CAPÍTULO 87
De los muchos y muy grandes bienes que vienen a los hombres por mirar el Eterno Padre a  la faz de Jesucristo su Hijo 

CAPÍTULO 88
Cómo se ha de entender que Cristo es nuestra justicia, para que no vengamos a caer en algún  error, pensando que no tienen los justos justicia distinta de aquella por la cual Jesucristo es  justo 

CAPÍTULO 89
Que en los justos no queda el pecado, sino que en ellos es destruida la culpa, y quedan ellos  limpios, y como tales, agradables a Dios 

CAPÍTULO 90
Que el conceder en los justos perfecta limpieza de pecados por los merecimientos de  Jesucristo, no sólo no disminuye su honra, antes la manifiesta mucho más 

CAPÍTULO 91
Cómo se han de entender algunos lugares de la Escritura en que se dice que Jesucristo es  nuestra justicia, o cosas semejantes, para mayor declaración de los capítulos precedentes 

CAPÍTULO 92
Que debemos grandemente huir la soberbia que se suele levantar de las buenas obras,  viendo lo mucho que por ellas se merece; y de una doctrina de Cristo de que nos debemos  aprovechar contra esta tentación

CAPÍTULO 93
Que allanado el hombre y humillado con lo ya dicho en el capítulo pasado, puede gozar de la grandeza que el Señor se dignó dar a las obras de los justos, con seguridad y hacimiento de  gracias

CAPÍTULO 94
Que del amor que tenemos a nosotros mismos habemos de sacar el amor que debemos tener  a los prójimos 

CAPÍTULO 95
Que del conocimiento del amor que Cristo nos tuvo habemos de sacar el amor que debemos  tener a los prójimos 

CAPÍTULO 96
De otra consideración que nos enseña mucho el cómo nos habemos de haber con los prójimos 

CAPÍTULO 97
Comiénzase a tratar de la palabra del verso que dice: «Olvida tu pueblo.» Y de dos bandos que hay de hombres, buenos y malos, y de los nombres que los malos tienen, y de sus varios  intento

CAPÍTULO 98
Que nos conviene mucho huir de la mala ciudad de los malos, que es el mundo, y de cuan  mal trata a sus ciudadanos; y del espantoso fin que todos ellos tendrán 

CAPÍTULO 99
De la vanidad de la nobleza del linaje; y que no se deben gloriar de él los que quieren ser del  linaje de Cristo 

CAPÍTULO 100
En que comienza a declarar la otra palabra, «Y OLVIDA LA CASA DE TU PADRE». Y de  cuánto nos conviene huir la propia voluntad por imitar a Cristo, y por evitar los males que  de la seguir vienen 

CAPÍTULO 101
De un ejercicio para negar la propia voluntad; y de la obediencia que se debe tener a los  mayores; la cual es camino para alcanzar la abnegación de la propia voluntad; y cómo se  habrá el superior con los súbditos

CAPÍTULO 102
Que no todo lo que deseamos o pedimos se ha de llamar propia voluntad. Y cómo conoceremos lo que el Señor quiere de nosotros

CAPÍTULO 103
En que se comienza a declarar la palabra que dice: «Y CODICIARÁ EL REY TU  HERMOSURA.» Y de cuán grande cosa es poner Dios su amor en el hombre. Y que no es  esta hermosura la corporal; y de cuánto ésta sea peligrosa

CAPÍTULO 104
Que la dignidad de ser esposa de Jesucristo pide grande cuidado en todas las cosas; y del  ejemplo que deben mirar en lo exterior y lo interior del ánima las que de ella quieren gozar 

CAPÍTULO 105
Que no debe desmayar a las doncellas la grandeza del estado, porque el Esposo, que es el  Señor, da lo necesario; y del consejo con que se debe tomar; y del alegría con que se debe  guardar; y de los grandes bienes que en él hay

CAPÍTULO 106
De cuatro condiciones que se requieren para ser una cosa hermosa; y cómo al alma que está  en pecado le faltan todas cuatro 

CAPÍTULO 107
Cómo la fealdad del pecado es tan mala, que ningunas fuerzas naturales, ni Ley natural o de  Escritura, bastaban a la quitar, sino Jesucristo, en cuya virtud se quitaba en todo tiempo, y  daba la gracia

CAPÍTULO 108
Que Cristo nuestro Señor con su Sangre quita la fealdad del ánima y la hermosea; y que fue  más conveniente que el Hijo se hiciese Hombre, que no el Padre, ni el Espíritu Santo; y de la  grande fuerza de la Sangre de Cristo 

CAPÍTULO 109
Que la sacra humanidad de Cristo fue figurada en la ropa del Sumo Sacerdote, y en el velo  que Dios mandó hacer a Moisés; y qué era lo que David pedía cuando pidió ser rociado con  hisopo para quedar limpio

CAPÍTULO 110
De cómo Cristo disimuló todas las cuatro condiciones de la hermosura por nos hacer  hermosos; para lo cual se declara un lugar de Isaías

CAPÍTULO 111
De las muchas y grandes maravillas que sacó el Señor de los mayores males que los hombres  han hecho en matar a Cristo; y de la diversa operación que esta palabra: «Mirad a este  hombre», ha obrado en el mundo, dicha de Pilato y predicada de los Apóstoles 

CAPÍTULO 112
De cuánta razón es que nosotros miremos a este hombre, Cristo, con los ojos que lo miraron  muchos de aquellos a quien lo predicaron los Apóstoles, para quedar hermosos; la cual  hermosura se nos da por su gracia y no por nuestros merecimientos

CAPÍTULO 113
En que se prosigue el modo como habemos de mirar a Cristo, y cómo era Él todo cuanto hay  es hermoso; y que lo que en el Señor parece feo a los ojos de la carne, como son tormentos y  trabajos, es grande hermosura

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