13 de dezembro de 2011

Español

Pe. Gabriele Amorth
Libro de 2005 - 133 pags


  Cuando el cardenal Ugo Poletti, vicario del papa en la diócesis de Roma, me confirió  inesperadamente la facultad de exorcista, yo no imaginaba qué inmenso mundo se abriría a mi  conocimiento y qué ingente número de personas acudiría a mi ministerio. Además, el encargo  me fue conferido inicialmente como ayudante del padre Candido Amantini, pasionista muy  conocido por su experiencia como exorcista, que hacía que acudieran a la Escala Santa  menesterosos de toda Italia y a menudo también del extranjero. Ésta fue para mí una gracia  verdaderamente grande.
  Uno no se convierte en exorcista por sí solo, sino con grandes dificultades y a costa de  inevitables errores en perjuicio de los fieles. Creo que el padre Candido era el único exorcista  en el mundo con treinta y seis años de experiencia a tiempo completo. Yo no podía tener  mejor maestro y le estoy agradecido por la infinita paciencia con que me orientó en este  ministerio, totalmente nuevo para mí. 
  También hice otro descubrimiento: que en Italia había muy pocos exorcistas, y poquísimos de  ellos preparados. Aún peor es la situación en otras naciones, por lo cual me encontré  bendiciendo a personas llegadas de Francia, Austria, Alemania, Suiza, España e Inglaterra,  donde —a decir de los solicitantes— no habían conseguido encontrar un exorcista. ¿Incuria de los obispos y los sacerdotes? ¿Verdadera y auténtica incredulidad sobre la necesidad y eficacia  de este ministerio? En todo caso, me sentía encaminado a desarrollar un apostolado entre  personas que sufrían mucho y a las que nadie comprendía: ni familiares, ni médicos, ni  sacerdotes. La pastoral en este sector, hoy, en el mundo católico, está del todo descuidada. Antes no era así y debo reconocer que no es así hoy en algunas confesiones de la reforma  protestante, en las que los exorcismos se practican con frecuencia y provecho. Cada catedral  debería tener un exorcista como tiene un penitenciario; y tanto más numerosos deberían ser  los exorcistas cuanto más necesarios fuesen: en las parroquias más populosas, en los  santuarios.
  En cambio, además de la escasez del número, los exorcistas son mal vistos, combatidos, les  cuesta encontrar hospitalidad para ejercer su ministerio. Se sabe que los endemoniados a veces aúllan. Esto basta para que un superior religioso o un párroco no quiera exorcistas en  sus locales: vivir tranquilo y evitar cualquier griterío vale más que la caridad de curar a los  poseídos. También el autor de esta obra ha debido recorrer su calvario, si bien mucho menos  que otros exorcistas, más meritorios y solicitados. Es una reflexión que invito a hacer, sobre  todo a los obispos, que en nuestro tiempo son a veces escasamente sensibles a este problema,  al no haber ejercido nunca este ministerio, el cual les está, sin embargo, confiado a ellos en  exclusiva: sólo ellos pueden ejercerlo o nombrar exorcistas. ¿De dónde sale este libro? Del  deseo de poner a disposición de cuantos estén interesados en este asunto el fruto de mucha  experiencia, más del padre Candido que mía. Mi intención es ofrecer un servicio en primer  lugar a los exorcistas y a todos los sacerdotes. En efecto, igual que todo médico clínico ha de  estar en condiciones de indicar a sus pacientes cuál es el especialista al que deben recurrir en  cada caso (un otorrino, un ortopeda, un neurólogo...), así todo sacerdote debe poseer ese  mínimo de conocimientos para comprender si una persona necesita o no dirigirse a un  exorcista.
  Hay otro motivo, por el que varios sacerdotes me han alentado a escribir este libro. Entre las  normas dirigidas a los exorcistas, el Ritual les recomienda que estudien «muchos documentos  útiles de autores acreditados».
  Ahora bien, cuando se buscan libros serios sobre este asunto se encuentran muy pocos. Señalo  tres. Está el libro de monseñor Balducci: Il diavolo (Piemme, 1988); es útil por su parte teórica, pero no por la práctica, en la cual es deficiente y presenta errores; el autor es un demonólogo, no un exorcista. Está el libro de un exorcista, el padre Matteo La Grua: La preghiera di liberazione (Herbita, Palermo, 1985); es un volumen escrito para los grupos de Renovación, con el objetivo de guiar sus plegarias de liberación. Hay que mencionar también el libro de Renzo Allegri: Cronista all'inferno (Mondadori, 1990); no es un estudio sistemático, sino una colección de entrevistas llevadas a cabo con extrema seriedad y que narran los casos límite, los más impresionantes, seguramente verídicos, pero que no reflejan la casuística ordinaria que debe abordar un exorcista. 
  En conclusión, me he esforzado en estas páginas en colmar una laguna y presentar la cuestión bajo todos sus aspectos, pese a la brevedad que me he prefijado para poder llegar a un mayor número de lectores. Me propongo profundizar más en próximos libros y espero que otros escriban con competencia y sensibilidad religiosa, de modo que el tema sea tratado con la debida riqueza, que en los siglos pasados se hallaba en el campo católico y que ahora sólo se encuentra en el protestante.
  Digo también que no me detengo a demostrar ciertas verdades que supongo aceptadas y que ya han sido tratadas suficientemente en otros libros: la existencia de los demonios, la posibilidad de las posesiones diabólicas y el poder de expulsar a los demonios que Cristo ha concedido a aquellos que creen en el mensaje evangélico. Son verdades reveladas, claramente contenidas en la Biblia, profundizadas por la teología y que constantemente enseña el magisterio de la Iglesia. He preferido ir más allá y detenerme en lo menos conocido, en las consecuencias prácticas que pueden ser útiles a los exorcistas y a cuantos deseen ser informados sobre esta materia. Se me perdonará alguna repetición de conceptos fundamentales.
  Que la Virgen Inmaculada, enemiga de Satanás desde el primer anuncio de la salvación (Gén. 3, 15) hasta el cumplimiento de ésta (Ap. 12) y unida a su Hijo en la lucha por derrotarlo y aplastarle la cabeza, bendiga este trabajo, fruto de una actividad agotadora que desarrollo confiado en la protección de su manto maternal.

Um comentário:

stefan disse...

QUEM DUVIDA DA EXISTÊNCIA DO DEMÔNIO NÃO É CATÓLICO (PASSAMOS POR PROVAS SIMILARES ÀS DOS ANJOS DECAÍDOS)
A vida de São Pio, perseguido pelo demônio – anjos decaídos, reprovados no teste de amor a Deus – e em nós ao sugestionar o mal, cairmos e permanecer na injustiça, atesta a mais a veracidade de sua existência e suas várias ações, especialmente nesse mundo ultra racional-materialista, que crê apenas no admitido pela ciência.
Mas, sob a fé cristã, em várias citações, Jesus fala sobre suas ações e do inferno vinculado ao mesmo pelo menos 11 vezes. E refere-se ainda o que é capaz de fazer: 2 Cor 11.14: Não é de se estranhar pois o próprio Satanás se transfigura em anjo de luz, por conseguinte não é de surpreender que seus ministros em servidores da justiça. Em Mt 10.25: Belzebu; Demônio: Mt 4.12 e Lc 4.2 e Mc 1.13, como adversário. Em 1 Pd 5.8: Sede sóbrios e vigilantes! Eis que o vosso adversário, o diabo, vos rodeia como um leão a rugir, procurando a quem devorar.
A Teologia (heresia) da Libertação – TL – aparentemente religiosa, de teologia nada possui por ser materialista e atéia nega sua existência e também aprova o aborto, feminismo, uniões gays, glbts, eutanásia, pedofilia, indistinção sexual, seitas supostamente evangélicas com cultos similares aos dos centros espíritas, espiritismo, superstições, etc., são das diversas facetas com que se apresenta a relativizar e extirpar a fé da Igreja-Cristo e na sua oculta ação.
O melhor presente ao demônio é negar sua existência; ele terá tempo a mais disponível para cuidar de outros, afinal, quem o nega já é "de casa".
No mundo atual o ambiente lhe é favorável: crêem mais nas ideologias e propostas dos partidos socialistas/comunistas de fazer desse mundo um paraíso, cientificismos e tecnologias que da necessidade de Deus, em evidentes orgulho e soberba de quererem se julgar auto suficientes, deísmo subjetivista.
Interessante é isso grassar em todos os níveis, abarcando quase todas as correntes doutrinárias, como religiões provindas do Oriente, em que o homem se liberta por auto conhecimento e exercícios meditacionais, tornando-se espécie de semi deus, integrado ao mesmo – panteísmo e deísmo subjetivista – bastando desenvolver-se; assemelha-se à proposta de espiritismo de auto purificar por reencarnações seguidas. São as satânicas posições adotadas pela “Nova Era-NWO” em sua crédil diversidade, envolvendo os mais variados cultos de espiritismo, animismo, umbanda, candomblé e todas as suas variantes onde existam esoterismos/ocultismos.
O pior será ao final da vida a terrível surpresa: receberá pessoalmente do diabo o prêmio pelo descrédito nele, ganhando-o, ao aceitar ideologias modernistas e ter caído nas ciladas engendradas para envolver os incautos.
Seria boa idéia duvidar do diabo e após a morte recebê-lo como troféu e o ter junto a si pela eternidade?

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